El arte
budista tiene su origen en el subcontinente
indio (actuales India, Bangladés, Nepal
y Pakistán) en los siglos posteriores a
la vida de Siddhartha Gautama, el Buda
histórico, entre los siglos VI y V a. C. Más tarde, gracias al contacto
con otras culturas, logró evolucionar y difundirse por el resto de Asia y el mundo.
Una primera
etapa, llamada preicónica, se sitúa alrededor del siglo I d. C. y se caracteriza por no recurrir a
representaciones directas de Siddhartha Gautama como el Buda Śākyamuni o de los
budas míticos que se suponen existieron en eras pasadas. La etapa siguiente, icónica, tiene por el contrario a la imagen humana del Buda y
los budas del pasado, del futuro y de otros universos como símbolo central de
sus obras de arte.
Desde
entonces, el arte budista se diversificó y evolucionó para adaptarse a las
nuevas regiones en las que comenzaba a sumar adeptos. Se expandió hacia el este
y el norte a través de Asia Central, para formar lo que luego fue
clasificado como arte budista del norte —en contraposición al arte
budista del sur, que surgiría en el sudeste
de Asia. En India, el arte budista floreció e incluso llegó a influir
en el desarrollo del arte hindú, hasta que el budismo casi desapareció alrededor del siglo X, con la expansión del hinduismo y el islam.
Etapa preicónica (siglo V - siglo I a. C.)
Las primeras
manifestaciones claras de arte budista datan del reinado de Ashoka, durante el Imperio Maurya (322 - 180 a. C.), en el que se construyeron
numerosas stupas ( monumentos sagrados del budismo).
De estas destacan las Stupas de Baruth y Sanchi tanto por su antigüedad (siglo
I a.C) como por la elocuencia de los relieves esculpidos en sus toranas
(portales), los cuales conformaban un arte narrativo que proyectaba la figura
de buda a través de los símbolos de su iluminación (la rueda, el árbol del
Bodhi, los parasoles, el trono, la huella etc) en exuberante armonía con espirales,
figuras de leones, elefantes y vegetación.
Entre el siglo II y el siglo I a. C., las esculturas explicitaban los
motivos budistas, incluyendo representaciones de la vida y enseñanzas de
Siddharta Gautama, como las que pueden encontrarse en las toranas o portales
que rodean las stupas de la época.
Aunque en
India había una gran tradición de escultura y se dominaba el arte iconográfico,
Siddharta no era representado nunca antropomórficamente, sino siempre a través
de símbolos. Algunos de ellos son:
- La Rueda de la Ley
(dharmachakra), que representa las Cuatro Nobles Verdades expresadas por Siddharta.
- El Árbol Bodhi, en
referencia al árbol donde Siddharta estaba cuando se iluminó. Pueden
encontrarse antecedentes a este símbolo en algunos cultos a los dioses de
la fertilidad y en representaciones del árbol de la vida.
- La Huella del Bhudda
(Buddhapada "Pie del Buddha"), representando el impacto de las
enseñanzas de Siddharta en el mundo.
- El Trono Vacío.
- Los Leones, símbolo de
la realeza. Siddharta era conocido como el "León Shakya" durante
el Imperio de Ashoka, por esto los leones pueden verse en los pilares que
quedaron esparcidos a lo largo de India.
- Las Columnas que
sostienen la rueda, simbolizando su enseñanza.
- La Flor del Loto, símbolo de la prístina
naturaleza de Siddharta, por su hermoso florecer y la imposibilidad del
agua de adherirse a él, encontrándose siempre terso.
El rechazo a
la representación antropomórfica de Siddharta Gautama (incluso en la escena
narrativa, donde aparecen otras figuras humanas) y el sofisticado desarrollo de
la simbología preicónica, parecen estar conectados con una de las enseñanzas de
Siddharta en Dighanikaya, en la que condenó representaciones de él tras la
extinción de su cuerpo. Esta tendencia perduró como mucho hasta el siglo II dC en algunas partes del sur de
India, en el arte de la Escuela Amaravati. Algunos sostienen que podrían
haberse tallado en madera representaciones directas de Siddharta con
anterioridad pero, de ser así, éstas se habrían perdido con el tiempo y no hay
ningún tipo de evidencia arqueológica de su existencia.
Etapa icónica (siglo I d. C. al presente)
Las
representaciones antropomórficas de Buda comenzaron a aparecer a partir del
siglo I d. C. en el norte de India. Los dos principales centros de
creación han sido identificados como Gandhara en el actual Panyab, en Pakistán y en la región de Mathurā, al norte de India.
El arte en
Gandhara estuvo expuesto a la influencia de la cultura griega durante siglos a partir de las conquistas de Alejandro Magno en 332 a. C. y de la subsecuente creación de los
reinos greco-bactriano e indogriego, que condujeron al desarrollo del arte
greco-budista. La
escultura budista de Gandhara muestra influencia artística
griega; también se
ha sugerido que el concepto de “hombre-dios” fue inspirado por la cultura mitológica
griega.
Artísticamente, se dice que la escuela de escultura de Gandhara aportó al arte
budista cabezas de pelo ondulado, ropaje sobre los hombros, zapatos y
sandalias, etc.
El arte de
Mathura tiende a estar basado en fuertes tradiciones indias, tales como la
representación antropomórfica de divinidades como el Yaksas, aunque en un
estilo arcaico comparado con las posteriores representaciones de Buda. La
escuela de Mathura contribuyó con ropaje que cubre el hombro izquierdo,
muselina fina, la rueda en la palma de la mano, la silla de loto, etc.
Mathura y
Gandhara también se influyeron entre ellas. Durante el florecimiento artístico,
las dos regiones estuvieron unidas políticamente bajo el Imperio Kushan, al ser ambas ciudades capitales
del imperio. Todavía está en debate si la representación antropomórfica de Buda
fue esencialmente el resultado de una evolución local del arte budista en
Mathura, o si fue una consecuencia de la influencia cultural griega en Gandhara
por el sincretismo greco-budista.
Este arte
cónico se caracterizó desde el principio por un idealismo realista, que combina
figuras humanas realistas, proporciones, actitudes y atributos, junto con un
sentido de la perfección y serenidad que tiende a alcanzar lo divino. La
expresión de Buda de hombre tanto como de dios se convirtió en el modelo iconográfico
para el arte budista subsecuente.
El arte
budista continuó a desarrollarse en India durante varios siglos más. Las
esculturas en piedra
caliza rosada de
Mathura evolucionaron durante el período gupta (siglos IV al VI) hasta alcanzar un
alto grado de finura de ejecución y delicadeza en el modelado. El arte de la
escuela de Gupta fue extremadamente influyente en casi todo el resto de Asia.
Hacia el siglo XX, la creación en el arte budista se
extinguía en India al prevalecer finalmente el hinduismo y el Islam.
Mientras el
budismo se expandía fuera de India a partir del siglo I d. C., sus
formas artísticas originales se mezclaban con otras influencias, que llevaron a
una diferenciación progresiva entre los países que adoptaron esa religión.
- Una ruta norte se
estableció desde el siglo I d. C. en dirección a Asia Central, Tíbet, China, Corea y Japón, en la cual el budismo Mahāyāna prevaleció.
- Una ruta sur, donde
dominó el budismo Theravāda, se expandió hacia Birmania, Tailandia, Camboya, Laos y Vietnam.
Arte budista del norte
La Ruta de la seda para la difusión del budismo a Asia
Central, China y, posteriormente, Corea y Japón, se habría iniciado en el siglo I d. C. con el relato semi-legendario de
una empresa enviada al oeste por el emperador chino Ming (58 - 75 d. C.). Sin embargo, esto recién tuvo
efecto a principios de siglo
II d. C.,
probablemente como consecuencia de la expansión del Imperio Kushan en el territorio chino del Tarim
Basin, con el esfuerzo de un gran número de monjes budistas de Asia Central.
Los primeros misionarios y traductores de escrituras budistas al Chino, como Lokaksema,
pertenecieron a los imperios de los partos, de los kushanas, y los territorios sogdianos o de Kuchean.
Los
esfuerzos de los misionarios que seguían la Ruta de la seda hacia Asia
Central fueron acompañados por un flujo de influencias artísticas que pueden
verse en el desarrollo del Arte de Serindia entre el siglo II d. C. al siglo XI d. C. en el Tarim Basin, actualmente Xinjiang. El Arte de Serindia deriva del
arte greco-budista del distrito de Gandhara (en lo que hoy se conoce como Pakistán) combinando influencias Indias,
Griegas y Romanas. Las influencias artísticas greco-romanas de la Ruta de la
seda actualmente pueden encontrarse hasta en Japón, en motivos
arquitectónicos, en imágenes budistas y en algunas pocas representaciones de
los dioses japoneses.
El arte de
la ruta del norte estuvo también muy influido por el desarrollo del budismo Mahāyāna, característico por la adopción de
nuevos textos, además del tradicional canon Pali, y por una interpretación diferente
del budismo tradicional. El Mahayana va más allá del ideal típico de la
escuela Theravāda de liberarse del sufrimiento (dukkha) y de la iluminación personal de las arhats, para elevar al buda a un estado similar al de un
dios, y para crear un panteón de Bodhisattvas cuasi-divinos, devotos a la
purificación del espíritu, del conocimiento y a la salvación de la humanidad.
Por esta razón, el arte budista del norte se caracteriza por un panteón budista
muy rico y sincrético, poblado por una multitud de imágenes de diferentes
budas, Bodhisattvas y divinidades menores.
Afganistán
El arte
budista en Afganistán (antes Bactria) perduró varios siglos hasta el
desarrollo del Islam en el siglo VII d. C. Puede verse en las obras de los Budas
de Bamiyán o en esculturas hechas de estuco, esquisto o arcilla, en las que
se observa una muy fuerte influencia del manierismo posterior al arte gupta
y del arte clásico del período
helenístico o hasta
greco-romano.
Aunque el
dogma islámico fue bastante tolerante con otras religiones aceptadas por el Corán, no se mostró así con el budismo,
el cual fue recibido como una religión excesivamente idólatra. Las formas de
arte figurativo-humano también estaban prohibidas en el Islam, por lo que el
arte budista sufrió numerosos ataques, que culminaron en la destrucción
sistemática de sus obras por parte del régimen talibán. Los Budas de Bamiyán, las
esculturas de Hadda y muchas de las reliquias que se conservaban en el
museo de Afganistán fueron destruías.
Los
numerosos conflictos que surgieron en la década del 80 del siglo XX d. C. concluyeron con el saqueo de varios
sitios arqueológicos, aparentemente con el afán de revender las reliquias en el
mercado internacional.
Asia Central
El punto de
confluencia de China, India y Persia fue por mucho tiempo Asia Central. La expansión del Imperio Han hacia el oeste durante el siglo II a. C., permitió y aumentó el contacto con
las civilizaciones helenas de Asia, especialmente con el reino griego de
Bactria.
Por este
motivo, la expansión del budismo hacia el norte conllevó a la formación de
comunidades budistas y hasta de reinos budistas en el oasis de Asia Central. Parecería que en algunas de las
ciudades por las que pasó la Ruta de la seda, los budistas se ocuparon
solamente de construir monasterios y stupas mientras que en otras se pusieron
al servicio de los viajeros que iban y venían del Este y el Oeste, fomentando
así, directa o indirectamente, el intercambio cultural entre las regiones.
Fue en
particular en la zona oriental de Asia Central donde se encontraron numerosas
obras de arte de Serindia (pinturas en las paredes y relieves
en varias cuevas, pinturas en lienzos, esculturas, objetos de rituales), en las
que se pueden apreciar diversas influencias de culturas indias y helenas.
También se encontraron obras de arte con reminiscencias al estilo de Gandhara,
así como escrituras en el dialecto gandhari. Estas influencias fueron rápidamente
absorbidas por la vigorosa cultura China y un nuevo y sólido estilo de arte
chino surge entonces.
China
El budismo
llegó a China hacia el siglo I (aunque hay
historias tradicionales sobre un monje que visitó China durante el reinado de
Asoka), y durante el siglo VIII, y fue muy activo y creativo en el desarrollo
del arte budista, particularmente en lo que respecta a las estatuas. Al recibir
esta religión de origen tan distante, China le incorporó fuertes influencias
propias en su expresión artística.
Con respecto
a la llegada del budismo a China, se ha descubierto que ésta se produjo en
diferentes momentos a lo largo y ancho del país. Una de las fechas más antiguas
y plenamente verificadas, se dio en la provincia de Gansu, entre los siglos -V
y -IV adc. China pasó muchas vicisitudes hasta encontrar suficientes escrituras
y textos budistas. Fueron de gran relevancia las traducciones de Kumarajiva, monje que hablaba perfectamente el
chino y el sánscrito, hijo de un príncipe monje de la India, y de una princesa de Kucha, territorio anexionado a China. La famosa estupa del Caballo Blanco fue erigida en honor al caballo de Kumarajiva.
El emperador chino mandó a matar a este caballo para que Kumarajiva no pudiera
irse jamás, y así establecer el budismo de forma oficial.
En varias
ocasiones, las diferentes dinastías de príncipes feudales y emperadores chinos,
cambiaban de religión oficial entre el taoísmo, el legalismo confuciano y el budismo. Entre los siglos VIII y XII
quedarán patentes las divisiones entre el budismo del sur y del norte de China, que se desarrollaron de forma paralela, tomando
diferentes caminos y creando diversas sectas. Algunas de estas sectas fueron
combinaciones del taoísmo, el confucionismo, además del budismo, que incluso llegaron a tener
reminiscencias de la filosofía legalista.
Dinastías del Norte
Durante los
siglos VI y VII, las dinastías
del Norte, alejadas
de las fuentes originales de inspiración, se inclinaron a desarrollar modos de
representación más bien abstractos, con líneas sistemáticas. Su estilo se
considera solemne y majestuoso. La falta de corporeidad en su arte, y su
distanciamiento del objetivo budista original de expresar el ideal puro de iluminación en forma accesible y realista,
progresivamente llevaron a una búsqueda de mayor naturalismo y realismo, lo que
condujo a la expresión del arte budista Tang.
Sitios en
donde se preservan esculturas budistas de la dinastía Wei:
Dinastía Tang
Con la
transición hacia la dinastía Sui, la escultura Tang evolucionó hacia una expresión que
representaba vida. Como consecuencia de la apertura de esta dinastía hacia
influencias externas, y de los intercambios renovados con la cultura india
debidos a los frecuentes viajes de monjes budistas chinos a India entre los
siglos IV y XI, la escultura durante la dinastía
Tang asume una forma bastante radical, inspirada en el arte indio del período
Gupta. Durante esta época, la capital Tang de Chang'an (actual Xi'an) se convirtió en un importante
centro para el budismo. A partir de allí, el budismo se esparció hacia Corea, y las embajadas japonesas de Kentoshi lo ayudaron a
poner pie en Japón.
Sin embargo,
las influencias extranjeras se empezaron a percibir negativamente hacia el
final de la dinastía Tang. En el año 845, el emperador Tang Wuzong prohibió todas las religiones
extranjeras (incluyendo el nestorianismo cristiano, el zoroastrismo y el budismo) para apoyar el taoísmo local. Confiscó las posesiones
budistas e hizo que la fe se practicara en la sombra, afectando así el
desarrollo ulterior de la religión y sus artes en China.
El budismo Dyana, que dio origen al Zen japonés, continuó sin embargo prosperando por varios
siglos, especialmente bajo la dinastía Song (1127-1279), cuando los monasterios Chan
fueron grandes centros de cultura y enseñanza.
La
popularización del budismo en China hizo que ese país se convirtiera en el
centro de las más ricas colecciones de arte y herencia budista en el mundo.
Esto se evidencia en las múltiples cavernas y estructuras llenas de esculturas
que sobreviven hasta la actualidad. Las Cuevas de Mogao cerca de Dunhuang en la provincia de Gansu, las Grutas de Longmen cerca de Luoyang en Henan, las Grutas de Yungang cerca de Datong en Shanxi y los relieves en piedra de Dazu cerca de Chongqing están entre los sitios más
importantes de esculturas budistas renovadas. El Buda Gigante de Leshan, esculpido en el lado de una colina
durante la dinastía
Tang en el siglo VIII, que mira hacia la confluencia de
tres ríos, es una de las mayores esculturas de un buda en el mundo (después de
la del buda de Bamiyan, dinamitada por los talibán).
Corea
El arte
budista de Corea refleja una interacción entre la
influencia budista de China y la cultura típicamente coreana, donde se mezclan
influencias de China y el arte proveniente de las estepas (posiblemente
influencias escitas como se percibe en algunos
utensilios como las coronas reales de Silla en el estilo de las estepas). El
estilo de este arte autóctono era geométrico, abstracto y ricamente adornado
con un lujo bárbaro característico.
El budismo
fue introducido durante el siglo VI, mucho más tarde que en China. Si
bien la influencia china es fuerte, en el arte budista coreano sobresale, según
Pierre Cambon, su sobriedad, su gusto por la escogencia de colores, un sentido
de abstracción y el uso de colores que curiosamente todavía se utilizarían
juntos.
Japón
Antes de la
introducción del budismo, Japón ya había sido centro cultural (y
artístico) de varias influencias, desde el arte lineal decorativo de los
indígenas neolíticos Jomon de aproximadamente 10500 a. C. a 300 a. C., hasta la influencia del arte Chino
durante los períodos Yayoi y Kofun, con desarrollos como el arte Haniwa.
Japón,
segundo país con mayor número total de budistas después de China, descubrió el
budismo en el siglo
VI cuando los
monjes de la dinastía China de los Tang viajaron a las islas junto con
numerosas escrituras y obras de arte. La religión budista fue adoptada por el
Estado en el siglo siguiente. Geográficamente localizado al final de la Ruta de la Seda, Japón pudo preservar muchos
aspectos del budismo al tiempo que éste desaparecía en la India, y era
suprimido en Asia Central y en China.
Desde el año
710, numerosos templos y monasterios se
construyeron en la ciudad capital Nara, tales como la pagoda de cinco pisos, el Salón Dorado del Horyuji, o el templo Kofukuji. Un sinfín de pinturas y esculturas se hicieron,
muchas veces patrocinadas por el gobierno. Influencias indias, helenísticas,
chinas y coreanas se mezclaron en un original estilo caracterizado por el
realismo y la gracia. La creación del arte budista japonés fue especialmente
rica durante los periodos Nara, Heian y Kamakura.
Japón
desarrolló un arte figurativa extremadamente rica para el panteón de las
deidades budistas, a veces combinadas con influencias hindúes y sintoístas. Este arte puede ser muy variado,
creativo y audaz.
A partir de
los siglos XII y XIII, otro desarrollo fue el arte Zen, después de la introducción de la fe por Dōgen y Eisai desde su regreso de la China. El arte Zen se
caracteriza sobre todo por sus pinturas originales (tales como el sumi-e) y la poesía (especialmente los haikus), esforzándose por expresar la verdadera esencia del
mundo a través de representaciones "no dualísticas" impresionistas y
poco adornadas. La búsqueda de revelaciones divinas "en el momento"
también llevó al desarrollo de otras artes derivativas importantes tales como
la ceremonia del té Chanoyu o el arreglo floral Ikebana. Esta evolución llegó a considerar
casi cualquier actividad humana como un arte con fuerte contenido espiritual y
estético, primeramente esas actividades relacionadas a las técnicas de combate
(artes
marciales).
El budismo
continúa siendo muy activo en Japón hasta hoy en día. Todavía se preservan
alrededor de 80.000 templos budistas. Muchos de estos están hechos con madera y
son restaurados con regularidad.
Tíbet y Bután
El budismo
tántrico, rama de la
vertiente budista mahāyāna, aunque iniciado por buda Shakyamuni, se desarrolló en profundidad con Padmasambhava al este de India entre los siglos V
y VI, así como tuvo su máxima expresión en el Tíbet. Algunas de las prácticas del
budismo tántrico se derivan del culto shaiva (al dios Shivá), del mantrayana hinduista(uso de mantras), así como del yoga, y quema de ofrendas como sacrificio. En el Tíbet, las ofrendas llamadas tormas, que ocupan todos los altares budistas son
reminiscencias de la antigua religión autóctona del Bön (Bön oscuro o antiguo).
El tantrismo mahāyāna se convirtió en la forma dominante
de budismo en el Tíbet aproximadamente a partir de los
siglos VII-VIII. Debido a su centralidad geográfica en Asia, el budismo tibetano recibió influencias del arte de la India, Nepal, y de China, y a través de ésta y por los intercambios culturales
en la Ruta
de la Seda, así como
del arte grecorromano. El arte grecorromano llegó de
manos de comerciantes de la susodicha Ruta de la Seda, de los primeros peregrinos que
iban al centro budista, cultural y de traducción de Dunghuan, en el desierto de Gobi (provincia actual china de Gansu), así como de los primeros cristianos que llegaron a China en ése mismo período, trayéndose imágenes clásicas
griegas y romanas.
Una de las
creaciones más características del arte budista tibetano son los mándalas, que son diagramas de un “templo
divino” hecho de un círculo que rodea a un cuadrado. Su propósito es ayudar a
los creyentes a enfocar su atención por medio de la meditación y seguir el
camino hacia la imagen central del Buda. Otras fuentes indican que los mándalas contienen gráficos con geometrías
triangulares dentro de un círculo, así como en otras combinaciones, que
acompañan y recuerdan a las enseñanzas recibidas por discípulos, que pueden
ayudarles tanto en su memorización como en la meditación sobre esas enseñanzas
adquiridas.
Artísticamente,
el arte budista gupta y el arte hindú fueron las más fuertes inspiraciones del
arte tibetano.
Como
añadido, también se relata en otras referencias que sus inspiraciones fueron
fuertemente chinas, mongolas y autóctonas. Todo ello se ve en los murales de
los templos budistas o gompas, donde se describen al detalle las partes más
importantes de la vida de buda Shakyamuni, y sus pinturas son del mismo tipo
que las acuarelas chinas, pero con un gran colorido. Destacan por ello los
vivos colores usados principalmente en la pintura butanesa.
En el Tíbet, las cinco tradiciones budistas que
existieron (ahora sólo hay cuatro), dieron un toque personal a su forma de
hacer arte hasta tal punto, que un especialista en la materia es capaz de
reconocer a cada una de ellas con bastante claridad.
En
comparación con el arte arquitectónico tibetano, donde las estupas tuvieron un gran detalle y
desarrollo, en la arquitectura butanesa clásica destacan por su sencillez.
Vietnam
La
influencia china fue predominante en el norte de Vietnam (Tonking) entre los siglos I y XIX.
El confucianismo y el budismo Mahayana
prevalecieron. En general, el arte de Vietnam tuvo una fuerte influencia del
arte budista chino.
En el sur,
el reino de Champa tuvo una arte de fuerte influencia
india, al igual que en la vecina Camboya. Muchas de sus estatuas estaban
caracterizadas por portar ricos aditamentos en el cuerpo. La capital del reino
de Champa fue anexada por Vietnam en 1471, colapsando completamente en la década de 1720.
Arte budista del sur
Birmania
Siendo
vecino de la India, Birmania naturalmente recibió una fuerte
influencia por la parte este del territorio indio. Se dice que los Mon del sur de Birmania se convirtieron
al budismo cerca del año 200 a. C. en la época del rey indio Ashoka, quien ejerció proselitismo activo. Esto ocurrió
antes de la división entre el budismo Mahāyāna y el Hinayana.
Los primeros
templos budistas se ubican en Birmania central, como el de Peikthano,
construido entre los siglos I y V. El arte budista de los Mon recibió
influencias específicas del arte indio del Imperio Gupta así como de los
períodos post-Gupta, y su estilo se esparció ampliamente hacia el sudeste de
Asia siguiendo la expansión del Imperio Mon entre los siglos V y VIII.
Más tarde,
se construyeron miles de templos budistas en Pagan, la capital, entre los siglos XI y XIII. De ellos,
unos 2.000 persisten todavía. Muchas estatuas hermosamente decoradas de Buda de
este período todavía pueden ser apreciadas. La creación en el arte budista
continuó a pesar de la división de la ciudad por los mongoles en 1287.
Camboya
Camboya fue el centro del reino de Funan, que se expandió hacia Birmania, llegando hasta
Malasia entre los siglos III y VI. Su influencia parece haber sido
esencialmente política, ya que la mayor parte de la influencia cultural vino
directamente de la India.
Más tarde,
entre los siglos IX y XIII, los imperios budista Mahayana, hindú y jemer dominaron vastas regiones de la
península del Sudeste Asiático, y sus influencias fueron de gran importancia en
el desarrollo del arte budista en la región. Bajo el Imperio jemer, se
construyeron más de 900 templos en Camboya y en la vecina Tailandia.
Angkor estuvo en el centro de este
desarrollo, con un complejo de templos budistas y una organización urbana capaz
de soportar a más de un millón de habitantes. Una muestra importante de la
escultura budista camboyana se preserva en Angkor. Sin embargo, los saqueos han
tenido un terrible impacto en muchos sitios históricos del país.
Con
frecuencia, el arte jemer logra expresar una inmensa espiritualidad por medio
de expresiones faciales acogedoras.
Tailandia
Entre los siglos I y VII, el arte budista en Tailandia recibió las influencias
principalmente del contacto directo con los comerciantes indios y de la
expansión del reino Mon, llevando a la creación de piezas
de arte hindú y budista inspirado de la tradición Gupta, con numerosas estatuas
monumentales realizadas con gran virtuosismo.
A partir del
siglo IX, la influencia en el arte provino
principalmente del arte del Imperio jemer de Camboya y del arte Sri Vijaya del sur, ambos de la fe Mahayana. Hasta el final de
ese período, el arte budista se caracterizó por una clara fluidez de expresión,
cuyo mayor exponente es el panteón de Mahāyāna con creaciones múltiples de Bodhisattvas.
A partir del
siglo XIII, el budismo Theravāda fue introducido desde Sri Lanka al
mismo tiempo que se estableció en el territorio el grupo étnico Tai desde Sukhothai. La nueva fe inspiró imágenes
altamente estilizadas en el budismo tai, generalmente acompañadas de figuras
muy geométricas y en algunos casos abstractas.
Durante el
período Ayutthaya (siglos XIV al siglo XVIII), la representación de Buda se
estilizó incorporándole ornamentos de lujo y joyas. Muchas esculturas y templos
tai tendían a adoptar el dorado, y en ocasiones eran acompañados de piezas de
marfil o maderas.
Indonesia
Al igual que
en el resto del sudeste asiático, Indonesia parece haber recibido una mayor
influencia de India a partir del siglo I. Las islas de Sumatra y Java al oeste de Indonesia fueron la
sede del imperio de Sri Vijaya (siglos VIII al XIII), el cual dominó la mayor parte del
área de la península del sudeste asiático por medio de sus puertos marítimos.
El imperio Sri Vijayan adoptó el budismo Mahayana y Vajrayana, bajo la línea de
gobernantes llamados los Sailendras. Sri Vijaya extendió el arte budista Mahayana durante su
expansión en el sudeste de la península. Son numerosas las estatuas Bodhisattvas de Mahayana de este período,
caracterizadas por su gran refinamiento y su sofisticación técnica, y están
dispersas por toda la región. Todavía existen restos arquitectónicos de extrema
riqueza en el templo de Borobudur (la estructura budista más grande
del mundo, construida hacia el año 780), la cual cuenta con
505 imágenes de Buda sentado. El imperio budista indonesio de Sri Vijaya
declinó debido a conflictos con los gobernantes chola de India y luego fue
desestabilizado por la expansión islámica a partir del siglo XIII.
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